Mi papá y Banjo Kazooie

Mi papá y Banjo Kazooie

Pocas veces había visto una cara de decepción, tristeza, y dolor, en la cara de mi padre, durante mis primeros ocho años de vida. Y pensar que todo fue culpa de Banjo y Kazooie.

Banjo/Kazooie fue el primer juego que me compré con mis ahorros de toda mi vida. Creo que eran como cuatrocientos pesos, un dineral en la década de los 90. Se lo di a mi padre para que me comprara ese juego, el cual vi anunciado en una revista de la época. ¿Qué me habrá llamado la atención de ese título? No puedo recordarlo con exactitud, sólo sé que lo deseaba mucho.

Cuando por fin lo tuve en mis manos, no pude jugarlo de inmediato porque era periodo escolar, tuve que esperar hasta el sábado. Con ansiedad lo saqué de su caja, memoricé todo el manual (al menos en imágenes), y procedí a jugarlo. Cuál sería mi sorpresa al darme cuenta de que ya había una partida guardada.

-Pá, ¿el juego estaba usado?

-No, lo traje nuevo.

-Es que ya hay un archivo.

-Tal vez ya viene así por default.

No dudé de la palabra de mi papá. Ya había dos piezas de rompecabezas en la cuenta, pero, ¿eso qué importa cuando eres niñ@ y tienes un juego nuevo entre manos?

Mi primer juego de N64 fue Super Mario 64; Banjo-Kazooie se jugaba de manera muy similar e intuitiva. Pero era más difícil que el juego del plomero, al menos eso me parecía. Una vez, le pedí a mi papá que me alcanzara una pieza de rompecabezas que estaba en un risco, en el mundo Teasure Trove Cove. Él accedió…y no me devolvió el control en mucho, mucho tiempo.

Pero no me molestaba. Al contrario, era GENIAL verlo jugar. Que llegara mi papá en la noche a jugar era lo mejor del día, ya que no sólo era el hecho de que él estuviera jugando y ya, sino que traducía los diálogos, y hacía las voces de los personajes, o a veces creaba situaciones graciosas, como lanzarse al tiburón en el mundo de Teasure Trove Cove para que “le mordieran las nachas a Banjo”. En Mad Monster Mansion, nos sucedió que Mumbo Jumbo transformó en lavadora a nuestro oso consentido, de manera completamente aleatoria. Nos obsesionamos por saber por qué había sucedido eso; mi papá encontró los códigos para transformar a Banjo, los usamos varias veces en la aventura. Ese juego nos brindó momentos muy felices y graciosos, quizá por eso lo recuerdo con tanto cariño.

Hasta ese funesto momento en que, por las malas, aprendimos lo que sucede si te mueres en Gruntilda’s Lair.

Para desbloquear el mundo Gobi’s Valley, hay que pasar por un pedazo de piso muy muy estrecho, por lo que hay una gran posibilidad de caer en una tina de lava. Y ese oscuro día, mi padre, controlando a Banjo, dio un paso en falso. El contador de vidas estaba en cero. Y pasó la pantalla de game over. Nada del otro mundo, ya nos había sucedido anteriormente, sólo volvimos a la pantalla de título…

Ya no había ningún archivo de guardado.

Nada. Todo vacío. Cero absoluto, como el frío que sentimos en la espalda. Y mi papá miraba a la pantalla, incrédulo. Jamás se me va a olvidar esa expresión en su cara. Reinició la consola, todo igual. Se había ido. Esa fue la primera vez que sentí el peso de todo un gran esfuerzo y trabajo que se van a la basura.

Claro, yo era una niña y para mí era algo súper grave, pero mi papá…no sé, era difícil saber exactamente cómo se sentía, su rostro denotaba algo negativo pero su voz decía ‘pues ya ni modo’, queriendo sonar resignado. Definitivamente algo se había quebrado en él, porque ya no jugó en los días siguientes.

La monotonía volvió a nuestras vidas. Qué coraje. Ya ni yo tenía ganas de jugar, era una sensación de querer tomar el control, pero sabiendo exactamente por dónde ir y qué podría pasar. Eso ya lo habíamos jugado.

Pero…¡un momento, yo no lo jugué, fue mi papá!

Me armé de valor, y retomé un nuevo archivo. No recuerdo cuánto tiempo le avancé en las tardes, después de la escuela, pero conseguí llegar hasta Mad Monster Mansion por mi cuenta, casi al punto en el que podíamos desbloquear Gobi’s Valley. Y así lo hice. Un fin de semana se lo mostré a mi padre, orgullosa de mí misma.

Él sonrió, y tomó el control.

Banjo Kazooie nos dio muchísimos momentos familiares, pero sobre todo, esa pequeña lección de vida:

-¿Cuál lección, Le Yakio? ¿Te refieres a no darse por vencido, a pesar de que la vida te detenga en las últimas etapas de tu meta, y que no importa cuántas veces sea necesario perderlo todo porque lo que en verdad vale la pena es volver a comenzar y no darse por vencido?

Por supuesto que no, lector aleatorio. Es mucho más simple que eso.

NUNCA TE MUERAS EN GRUNTILDA’S LAIR.

(Gracias, papá, por poner los $100 pesos que faltaban cuando compraste ese juego)


Imágenes: Banjo Kazooie Wiki

Pocas veces había visto una cara de decepción, tristeza, y dolor, en la cara de mi padre, durante mis primeros ocho años de vida. Y pensar que todo fue culpa de Banjo y Kazooie.

Banjo/Kazooie fue el primer juego que me compré con mis ahorros de toda mi vida. Creo que eran como cuatrocientos pesos, un dineral en la década de los 90. Se lo di a mi padre para que me comprara ese juego, el cual vi anunciado en una revista de la época. ¿Qué me habrá llamado la atención de ese título? No puedo recordarlo con exactitud, sólo sé que lo deseaba mucho.

Cuando por fin lo tuve en mis manos, no pude jugarlo de inmediato porque era periodo escolar, tuve que esperar hasta el sábado. Con ansiedad lo saqué de su caja, memoricé todo el manual (al menos en imágenes), y procedí a jugarlo. Cuál sería mi sorpresa al darme cuenta de que ya había una partida guardada.

-Pá, ¿el juego estaba usado?

-No, lo traje nuevo.

-Es que ya hay un archivo.

-Tal vez ya viene así por default.

No dudé de la palabra de mi papá. Ya había dos piezas de rompecabezas en la cuenta, pero, ¿eso qué importa cuando eres niñ@ y tienes un juego nuevo entre manos?

Mi primer juego de N64 fue Super Mario 64; Banjo-Kazooie se jugaba de manera muy similar e intuitiva. Pero era más difícil que el juego del plomero, al menos eso me parecía. Una vez, le pedí a mi papá que me alcanzara una pieza de rompecabezas que estaba en un risco, en el mundo Teasure Trove Cove. Él accedió…y no me devolvió el control en mucho, mucho tiempo.

Pero no me molestaba. Al contrario, era GENIAL verlo jugar. Que llegara mi papá en la noche a jugar era lo mejor del día, ya que no sólo era el hecho de que él estuviera jugando y ya, sino que traducía los diálogos, y hacía las voces de los personajes, o a veces creaba situaciones graciosas, como lanzarse al tiburón en el mundo de Teasure Trove Cove para que “le mordieran las nachas a Banjo”. En Mad Monster Mansion, nos sucedió que Mumbo Jumbo transformó en lavadora a nuestro oso consentido, de manera completamente aleatoria. Nos obsesionamos por saber por qué había sucedido eso; mi papá encontró los códigos para transformar a Banjo, los usamos varias veces en la aventura. Ese juego nos brindó momentos muy felices y graciosos, quizá por eso lo recuerdo con tanto cariño.

Hasta ese funesto momento en que, por las malas, aprendimos lo que sucede si te mueres en Gruntilda’s Lair.

Para desbloquear el mundo Gobi’s Valley, hay que pasar por un pedazo de piso muy muy estrecho, por lo que hay una gran posibilidad de caer en una tina de lava. Y ese oscuro día, mi padre, controlando a Banjo, dio un paso en falso. El contador de vidas estaba en cero. Y pasó la pantalla de game over. Nada del otro mundo, ya nos había sucedido anteriormente, sólo volvimos a la pantalla de título…

Ya no había ningún archivo de guardado.

Nada. Todo vacío. Cero absoluto, como el frío que sentimos en la espalda. Y mi papá miraba a la pantalla, incrédulo. Jamás se me va a olvidar esa expresión en su cara. Reinició la consola, todo igual. Se había ido. Esa fue la primera vez que sentí el peso de todo un gran esfuerzo y trabajo que se van a la basura.

Claro, yo era una niña y para mí era algo súper grave, pero mi papá…no sé, era difícil saber exactamente cómo se sentía, su rostro denotaba algo negativo pero su voz decía ‘pues ya ni modo’, queriendo sonar resignado. Definitivamente algo se había quebrado en él, porque ya no jugó en los días siguientes.

La monotonía volvió a nuestras vidas. Qué coraje. Ya ni yo tenía ganas de jugar, era una sensación de querer tomar el control, pero sabiendo exactamente por dónde ir y qué podría pasar. Eso ya lo habíamos jugado.

Pero…¡un momento, yo no lo jugué, fue mi papá!

Me armé de valor, y retomé un nuevo archivo. No recuerdo cuánto tiempo le avancé en las tardes, después de la escuela, pero conseguí llegar hasta Mad Monster Mansion por mi cuenta, casi al punto en el que podíamos desbloquear Gobi’s Valley. Y así lo hice. Un fin de semana se lo mostré a mi padre, orgullosa de mí misma.

Él sonrió, y tomó el control.

Banjo Kazooie nos dio muchísimos momentos familiares, pero sobre todo, esa pequeña lección de vida:

-¿Cuál lección, Le Yakio? ¿Te refieres a no darse por vencido, a pesar de que la vida te detenga en las últimas etapas de tu meta, y que no importa cuántas veces sea necesario perderlo todo porque lo que en verdad vale la pena es volver a comenzar y no darse por vencido?

Por supuesto que no, lector aleatorio. Es mucho más simple que eso.

NUNCA TE MUERAS EN GRUNTILDA’S LAIR.

(Gracias, papá, por poner los $100 pesos que faltaban cuando compraste ese juego)


Imágenes: Banjo Kazooie Wiki

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