Hacía diez años que no iba a la TNT

Hacía diez años que no iba a la TNT

Hubo una época dorada en mi vida. Creo que todos la hemos tenido; hablo de ese momento en que nada preocupa, todo te apasiona, la vida es más fácil de lo que en verdad piensas:  acabas de descubrir muchos animes y la posibilidad de asistir a convenciones frikis, reunirte con gente como tú, conocer artistas independientes…

Pero como todo, tiene que terminar. No necesariamente en el caso de ser friki, pero para mí, la época de las convenciones acabó hace mucho. Y no por algún motivo en especial, simplemente llegó un día en que dije “ya no quiero ir a una TNT, estoy muy cansada, es hora de volver a casa”.

 

No recuerdo exactamente cuándo fue, pero debe de ser entre 2007-2008. Desde entonces no me había parado por una TNT, ni La Mole, ComicFest, o aledañas. Algunas veces me invitaron, pero no quería ir más. Es como cuando ves la misma película muchas, muchas,  demasiadas veces, y aunque te sigue gustando, ya no la quieres ver porque sabes qué va a pasar. Y de esa manera transcurrieron diez años…

Algo me orilló a volver. Concretamente, fue Frik-in lo que me instó a regresar a aquellos pasillos calurosos. Lo pensé mucho, he de admitir, porque recientemente se ha vivido una ola de calor que seguro no tengo que describirles. Además, seguía en mi corazón mi último veredicto de cuando fui a una TNT: que iba a ser lo mismo, que a que voy, que si quiero comprar cosas las puedo pedir más baratas en internet…Para no dejarme espacio a duda, compré mi boleto, que al parecer ya es 2×1 por default, y pues me lancé a la TNT 35, el pasado 2 de junio del año en curso.

Al llegar, había algo de gente en la entrada, unos pocos con cosplay, otros con bolsitas o algo relativo de anime. Yo no llevaba nada alusivo, y me dio nostalgia recordar cuando me esforzaba por ponerme algo encima que dijera ‘soy otaku, como tú!’. Confié en que mi tatuaje de FullMetal Alchemist sería suficiente para encajar. Entré al recinto, me sorprendió ver un escenario algo vacío. Sólo un par de personas cerca de unas mesas, detrás de una barricada de vallas metálicas.  Al parecer ahí estaba Kalathras, que firmaba sus novelas juveniles tipo anime. Yo no tenía pase VIP, así que sólo continué mi camino por la derecha.

Puestos, meh. Un pequeño puesto con mantas, otro con cositas kawaii, todo mundo vendiendo pan al vapor y…

¡¿QUÉ ES ESO?!

Había un puesto con varias figuras de Saint Seiya, y otras importadas de Japón. Pregunté precios, estaba muy bien, pero lo dejé pasar porque la experiencia me ha hecho aprender que es mejor buscar en otros puestos y cotizar precios. Seguí en mi travesía. Había mucha gente, pero no un mar eterno de sudor ni aglomeraciones, todos avanzaban a su ritmo y quienes se interesaban en algún producto, tenían espacio para detenerse a ver sin interrumpir el tráfico. Di una primer vuelta a la planta baja, y hubo cosas que no pude pasar por alto, como el descuento en mangas Panini que tenía la tienda Usagi to Kame, o la nueva publicación de Revista Kokoro, la ‘OK Magazine’.  Compré un Calpis ultra rebajado porque ya hacía sed, y emprendí la marcha al piso de arriba.

Hubo un puesto en el que había un chico ofreciendo sus productos. “Ven amiga, compra con nosotros, malgasta el dinero que te dan tus padres”, dijo. Lo miré, ofendida, pero no respondí, igual él no tiene manera de saber que trabajo y no debería importarle lo que hago con mi dinero.

Era de esperarse que no hubiera tanta gente; sin embargo, sí había varios stands, entre los cuales estaban escuelas, bubble tea, y claro, autores independientes. Compré un cómic, stickers, y seguí mi camino con renovadas energías. No podría describirlo con exactitud, era como si la oleada de energía (cosmos, ki, chakra) friki a mi alrededor me contagiara; el chiste es que de pronto ya andaba yo por los pasillos tomando fotos a cosplayers, preguntando precios de todo, me quedé a ver una competencia de Just Dance…

Sin darme cuenta, pasaron tres horas. Mis pies me lo avisaron, así que salí a descansar a una terraza en el piso superior. Era una zona de fumar, pero nadie fumaba, sólo platicaban, o comían, o mostraban cosas que habían comprado. Me vi a mi misma con diecitantos años intercambiando opiniones con mis amigas, conociendo gente. Sonreí.

De pronto, ruido. Como de mucha gente. Un coro.

Pegasus Fantasy, ¡luz de libertad!

Corrí a la primera planta. Había un concierto en el stage principal. Tuve un deja-vu, eso ya me había pasado antes, en aquella última TNT a la que fui y que también corrí a ese mismo escenario, por algo que me había llamado la atención. Ahora estaba cantando Mauren Mendo, y alcancé la segunda mitad del opening de Caballeros del Zodiaco, una de las cosas más épicas de mi vida. Y me uní a ese coro otaku que gritaba SAINT SEIYA con el puño arriba como mejor símbolo de unión. El cantante siguió con otras rolas, incluso el opening de Dragon Ball GT, bello como la más bella canción de amor.

Después de tan agradable momento, decidí dar una última vuelta  por si acaso había algo que hubiera pasado por alto. Entonces tuve un llamado…de la naturaleza, y me enfrenté a los temidos baños públicos. Cuál sería mi sorpresa al darme cuenta de que ESTABAN ULTRA LIMPIOS, han sido los sanitarios de damas más limpios que he visto en mucho tiempo. Había una chica cuidando el baño, y esperaba dejarle propina, pero no tenía ni cajita ni vendía dulces ni nada, al parecer sólo era su trabajo estar ahí al pendiente de que el lugar se mantuviera en condiciones. Me pareció importante hacer notar lo del baño porque siempre es un tema, y más para las mujeres, en el que no siempre pensamos desde un inicio, pero, ¡piénsenlo! Tal vez pasamos la mitad de nuestra vida en un sanitario, y poder usar uno tan limpio siempre se agradece.

En total pasé unas cinco horas en todo el recinto, y puedo decir que me divertí muchísimo, a pesar de que no me integré a alguna actividad en particular. Me alegra haber recuperado la emoción de, por ejemplo, ver los cosplays y ver cómo han avanzado, así como darme cuenta de que ahora puedo disfrutar cosplay de nuevas series que también me gustan, como varias gemas de Steven Universe muy bien logradas, un Thanos increíble, o un chico con un excelente disfraz de Gerudo Link (Breath of the Wild). Compré unas playeras, juguetes para mis sobrinos, muchísimos mangas para mí; la sensación de llegar a casa a disfrutar del botín y hacer recuento de todas las compras, me devolvió a esa época dorada.

Mientras las autoras de OK Magazine firmaban mi ejemplar, un chico a mi lado me hizo la plática. Tendría como dieciséis años, era muy alto, y hablaba hasta por los codos. Me habló de usted (:’v) , y comentó acerca de lo emocionado que estaba, porque era su primer TNT. Le gusta el Boy’s Love, pero también tenía en su haber unos pocos mangas de One Punch Man y una manta pequeña de Saint Seiya. Vio una playera que vendían en el stand de Revista Kokoro. ‘Híjole, para esta de plano no me va a alcanzar’, comentó, resignado, ‘esta semana no me fue muy bien con las propinas’. Resulta que, de su trabajo como mesero en un negocio familiar, se paga sus pasajes, materiales de la escuela, y ahorra para eventos como la TNT. Me dieron ganas de llevárselo al que me dijo que ‘malgastara el dinero de mis padres’. ¡Por un mundo más friki sin estereotipos!


Imágenes:
Forrest Gump – Paramount Pictures
Saint Seiya – Toei Animation

Hubo una época dorada en mi vida. Creo que todos la hemos tenido; hablo de ese momento en que nada preocupa, todo te apasiona, la vida es más fácil de lo que en verdad piensas:  acabas de descubrir muchos animes y la posibilidad de asistir a convenciones frikis, reunirte con gente como tú, conocer artistas independientes…

Pero como todo, tiene que terminar. No necesariamente en el caso de ser friki, pero para mí, la época de las convenciones acabó hace mucho. Y no por algún motivo en especial, simplemente llegó un día en que dije “ya no quiero ir a una TNT, estoy muy cansada, es hora de volver a casa”.

 

No recuerdo exactamente cuándo fue, pero debe de ser entre 2007-2008. Desde entonces no me había parado por una TNT, ni La Mole, ComicFest, o aledañas. Algunas veces me invitaron, pero no quería ir más. Es como cuando ves la misma película muchas, muchas,  demasiadas veces, y aunque te sigue gustando, ya no la quieres ver porque sabes qué va a pasar. Y de esa manera transcurrieron diez años…

Algo me orilló a volver. Concretamente, fue Frik-in lo que me instó a regresar a aquellos pasillos calurosos. Lo pensé mucho, he de admitir, porque recientemente se ha vivido una ola de calor que seguro no tengo que describirles. Además, seguía en mi corazón mi último veredicto de cuando fui a una TNT: que iba a ser lo mismo, que a que voy, que si quiero comprar cosas las puedo pedir más baratas en internet…Para no dejarme espacio a duda, compré mi boleto, que al parecer ya es 2×1 por default, y pues me lancé a la TNT 35, el pasado 2 de junio del año en curso.

Al llegar, había algo de gente en la entrada, unos pocos con cosplay, otros con bolsitas o algo relativo de anime. Yo no llevaba nada alusivo, y me dio nostalgia recordar cuando me esforzaba por ponerme algo encima que dijera ‘soy otaku, como tú!’. Confié en que mi tatuaje de FullMetal Alchemist sería suficiente para encajar. Entré al recinto, me sorprendió ver un escenario algo vacío. Sólo un par de personas cerca de unas mesas, detrás de una barricada de vallas metálicas.  Al parecer ahí estaba Kalathras, que firmaba sus novelas juveniles tipo anime. Yo no tenía pase VIP, así que sólo continué mi camino por la derecha.

Puestos, meh. Un pequeño puesto con mantas, otro con cositas kawaii, todo mundo vendiendo pan al vapor y…

¡¿QUÉ ES ESO?!

Había un puesto con varias figuras de Saint Seiya, y otras importadas de Japón. Pregunté precios, estaba muy bien, pero lo dejé pasar porque la experiencia me ha hecho aprender que es mejor buscar en otros puestos y cotizar precios. Seguí en mi travesía. Había mucha gente, pero no un mar eterno de sudor ni aglomeraciones, todos avanzaban a su ritmo y quienes se interesaban en algún producto, tenían espacio para detenerse a ver sin interrumpir el tráfico. Di una primer vuelta a la planta baja, y hubo cosas que no pude pasar por alto, como el descuento en mangas Panini que tenía la tienda Usagi to Kame, o la nueva publicación de Revista Kokoro, la ‘OK Magazine’.  Compré un Calpis ultra rebajado porque ya hacía sed, y emprendí la marcha al piso de arriba.

Hubo un puesto en el que había un chico ofreciendo sus productos. “Ven amiga, compra con nosotros, malgasta el dinero que te dan tus padres”, dijo. Lo miré, ofendida, pero no respondí, igual él no tiene manera de saber que trabajo y no debería importarle lo que hago con mi dinero.

Era de esperarse que no hubiera tanta gente; sin embargo, sí había varios stands, entre los cuales estaban escuelas, bubble tea, y claro, autores independientes. Compré un cómic, stickers, y seguí mi camino con renovadas energías. No podría describirlo con exactitud, era como si la oleada de energía (cosmos, ki, chakra) friki a mi alrededor me contagiara; el chiste es que de pronto ya andaba yo por los pasillos tomando fotos a cosplayers, preguntando precios de todo, me quedé a ver una competencia de Just Dance…

Sin darme cuenta, pasaron tres horas. Mis pies me lo avisaron, así que salí a descansar a una terraza en el piso superior. Era una zona de fumar, pero nadie fumaba, sólo platicaban, o comían, o mostraban cosas que habían comprado. Me vi a mi misma con diecitantos años intercambiando opiniones con mis amigas, conociendo gente. Sonreí.

De pronto, ruido. Como de mucha gente. Un coro.

Pegasus Fantasy, ¡luz de libertad!

Corrí a la primera planta. Había un concierto en el stage principal. Tuve un deja-vu, eso ya me había pasado antes, en aquella última TNT a la que fui y que también corrí a ese mismo escenario, por algo que me había llamado la atención. Ahora estaba cantando Mauren Mendo, y alcancé la segunda mitad del opening de Caballeros del Zodiaco, una de las cosas más épicas de mi vida. Y me uní a ese coro otaku que gritaba SAINT SEIYA con el puño arriba como mejor símbolo de unión. El cantante siguió con otras rolas, incluso el opening de Dragon Ball GT, bello como la más bella canción de amor.

Después de tan agradable momento, decidí dar una última vuelta  por si acaso había algo que hubiera pasado por alto. Entonces tuve un llamado…de la naturaleza, y me enfrenté a los temidos baños públicos. Cuál sería mi sorpresa al darme cuenta de que ESTABAN ULTRA LIMPIOS, han sido los sanitarios de damas más limpios que he visto en mucho tiempo. Había una chica cuidando el baño, y esperaba dejarle propina, pero no tenía ni cajita ni vendía dulces ni nada, al parecer sólo era su trabajo estar ahí al pendiente de que el lugar se mantuviera en condiciones. Me pareció importante hacer notar lo del baño porque siempre es un tema, y más para las mujeres, en el que no siempre pensamos desde un inicio, pero, ¡piénsenlo! Tal vez pasamos la mitad de nuestra vida en un sanitario, y poder usar uno tan limpio siempre se agradece.

En total pasé unas cinco horas en todo el recinto, y puedo decir que me divertí muchísimo, a pesar de que no me integré a alguna actividad en particular. Me alegra haber recuperado la emoción de, por ejemplo, ver los cosplays y ver cómo han avanzado, así como darme cuenta de que ahora puedo disfrutar cosplay de nuevas series que también me gustan, como varias gemas de Steven Universe muy bien logradas, un Thanos increíble, o un chico con un excelente disfraz de Gerudo Link (Breath of the Wild). Compré unas playeras, juguetes para mis sobrinos, muchísimos mangas para mí; la sensación de llegar a casa a disfrutar del botín y hacer recuento de todas las compras, me devolvió a esa época dorada.

Mientras las autoras de OK Magazine firmaban mi ejemplar, un chico a mi lado me hizo la plática. Tendría como dieciséis años, era muy alto, y hablaba hasta por los codos. Me habló de usted (:’v) , y comentó acerca de lo emocionado que estaba, porque era su primer TNT. Le gusta el Boy’s Love, pero también tenía en su haber unos pocos mangas de One Punch Man y una manta pequeña de Saint Seiya. Vio una playera que vendían en el stand de Revista Kokoro. ‘Híjole, para esta de plano no me va a alcanzar’, comentó, resignado, ‘esta semana no me fue muy bien con las propinas’. Resulta que, de su trabajo como mesero en un negocio familiar, se paga sus pasajes, materiales de la escuela, y ahorra para eventos como la TNT. Me dieron ganas de llevárselo al que me dijo que ‘malgastara el dinero de mis padres’. ¡Por un mundo más friki sin estereotipos!


Imágenes:
Forrest Gump – Paramount Pictures
Saint Seiya – Toei Animation

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