130 años de amistad

130 años de amistad

Dicen que todo comenzó con una expedición científica. Corría el año de 1874, cuando el científico Francisco Díaz Covarrubias encabezó una cuadrilla que tenía como finalidad observar un eclipse rarísimo: el planeta Venus transitando justo frente al Sol.

México tenía escasos cincuenta y tres años consolidado como país, y Japón apenas en 1868 comenzó la apertura a relaciones diplomáticas con distintos gobiernos como parte de la Restauración (el inicio de la Era Meiji). Es curioso que Japón se interesara de manera comercial en México, ya que los pocos tratados que tenía en ese entonces eran con países que consideraba más avanzados.

Quizá fue porque de verdad se cayeron bien. O sentían empatía uno por el otro. O quizá había recuerdos de una amistad anterior que sucedió gracias a una tempestad. Literalmente.

Casi trescientos años antes de que se firmara el primer acuerdo oficial de relaciones entre ambos países, en 1609, un galeón español llamado San Francisco naufragó en las costas de la provincia de Chiba, mientras se dirigía a Acapulco. Se dice que muchos de los náufragos fueron rescatados por las ama, mujeres buceadoras que pescan perlas a grandes profundidades. Entre los rescatados se encontraba Rodrigo de Vivero, que da la casualidad, era sobrino del virrey de la Nueva España (a.k.a. todavía-no-México). La mayoría de la tripulación eran filipinos y españoles, pero también se encontraban mestizos nacidos en Nueva España.  Sin embargo, en vez de apresurarse a regresar, De Vivero decidió quedarse a explorar la mística tierra nipona y, con su condición de aristócrata, concretó lo que podría considerarse el primer encuentro de Japón con habitantes de América. Aquella comitiva de náufragos tuvo la oportunidad de encontrarse con el mismísimo Ieyasu Tokugawa, y el buen Rodrigo De Vivero tuvo la genial idea de documentar todo con lujo de detalle en cartas que le enviaría a su querido tío, el virrey Luis de Velasco y Castilla. Estos documentos han sido recopilados en muchos libros, varios de los cuales puedes encontrar en línea como material de consulta gratuita. Adicionalmente, para conocer esta apasionante historia, puedes leer el libro El sello de la libélula, de la escritora mexicana Kyra Galván, una gran novela que narra esta aventura con su respectiva dosis de romance y suspenso.

Pero volviendo a lo que nos trajo a este artículo, resulta que De Vivero llegó a Acapulco en un barco japonés, y, después de dar todos los pormenores del viaje al virrey, éste pagó al gobierno de Tokugawa una gran fortuna en oro, comida, especies, y un reloj, que sería el primer reloj que habían visto los japoneses.

Yo creo que ese encuentro fortuito fue el cimiento, o la primer piedra, en la construcción de lo que serían las relaciones diplomáticas entre México y Japón. Firmado en 1888, este Tratado de Amistad ponía a Japón y México como iguales, con interés en migración, importación y exportación, así como importantes intercambios culturales.

A principios del siglo XX, este intercambio se hizo más tangible. Muchos japoneses llegaron a tierras mexicanas por esos años, estableciéndose principalmente en Chiapas; es por ello que podemos encontrar apellidos como Nishizawa, Fujimori, Kumamoto, o Toyoda, en gente nacida en México, como descendientes de aquella inmigración masiva. Y además de dejarnos sus genes, hay algo que se ha vuelto muy característico de México…y que se lo debemos a un japonés.

Las jacarandas.

Tatsugoro Matsumoto era jardinero botánico, y, después de trabajar un par de años en Perú, llegó a México con el comienzo de siglo. En la década de los 30, el presidente Pascual Ortiz Rubio le solicitó a Japón una donación de árboles de cerezo para adornar las avenidas principales de la capital. Pero los pobres arbolitos no pegaron. El gobierno japonés pidió la asistencia del señor Matsumoto, que ya tenía décadas viviendo en nuestro país, para que hiciera un nuevo intento pero esta vez con un árbol más apto a nuestras condiciones climáticas, las bellas jaracandas. Y bueno, puede que nuestra ciudad no se pinte de rosa en primavera, ¿pero no les encanta el color morado de las calles?

Les dejo aquí un interesantísimo artículo con la obra de Tatsugoro Matsumoto en México.

Pero bueno, como todos los amigos, México y Japón no se han llevado bien siempre. De hecho, antes de aquel naufragio, el gobernante anterior a Tokugawa, Hideyoshi Toyotomi, detuvo la cristianización llevada a cabo por misioneros franciscanos, y a los que se negaron, los ejecutó en Nagasaki.

En la época moderna tenemos un capítulo más oscuro: la Segunda Guerra Mundial, más exactamente, en el momento en que México le declaró la guerra a los países del Eje a consecuencia del hundimiento de uno de sus barcos, por parte de un submarino alemán. Como sabemos, Japón era parte del Eje, y tuvieron una encarnizada batalla en islas filipinas, donde el Escuadrón 201 se enfrentó a los temibles aviones caza kamikaze.

A Jiro no le gusta esto

Pero, una vez superado el trago amargo, Japón tuvo el interés de volver a ser amigo de todos. ¿Y cómo lo hizo, se lo han preguntado? Es decir, Alemania e Italia también eran países enemigos, y si bien, quedamos en buenos términos con ellos, como que no se les tiene el mismo cariño que a Japón, ¿me explico?

Bueno, esta empatía y carisma se la debemos a lo que nos hace lectores de este sitio: ser friki.

A finales de la década de los 40, Japón produjo muchas historietas que ya tenían más forma de manga. La cercanía con Estados Unidos después del final de la guerra, facilitó que se distribuyera el material gráfico a varios países, teniendo especial empatía en México. De aquel intercambio cultural tenemos muchas obras de Tezuka, y una fascinación por todo lo japonés que perdura hasta nuestros días.

Este año se cumplen 130 desde que se firmó, oficialmente, la amistad entre nuestros dos países, por lo que encontrarás muchas celebraciones alusivas, como este evento que se llevará a cabo el próximo domingo. También lugares como la Asociación México-Japonesa, la Fundación México-Japón, y el Liceo Mexicano-japonés, son herencias que nos ha dejado más de un siglo de amistad. No te pierdas nuestras noticias para que estés enterado de los eventos que conmemoran esta celebración.


Imágenes:

Cien vistas del Monte Fuji recuperado de Wikipedia

El sello de la libélula (2018)

Jacarandas en la CDMX recuperado de la página Ciudad Viva

Se levanta el viento (2013) Dir. Hayao Miyazaki

Dicen que todo comenzó con una expedición científica. Corría el año de 1874, cuando el científico Francisco Díaz Covarrubias encabezó una cuadrilla que tenía como finalidad observar un eclipse rarísimo: el planeta Venus transitando justo frente al Sol.

México tenía escasos cincuenta y tres años consolidado como país, y Japón apenas en 1868 comenzó la apertura a relaciones diplomáticas con distintos gobiernos como parte de la Restauración (el inicio de la Era Meiji). Es curioso que Japón se interesara de manera comercial en México, ya que los pocos tratados que tenía en ese entonces eran con países que consideraba más avanzados.

Quizá fue porque de verdad se cayeron bien. O sentían empatía uno por el otro. O quizá había recuerdos de una amistad anterior que sucedió gracias a una tempestad. Literalmente.

Casi trescientos años antes de que se firmara el primer acuerdo oficial de relaciones entre ambos países, en 1609, un galeón español llamado San Francisco naufragó en las costas de la provincia de Chiba, mientras se dirigía a Acapulco. Se dice que muchos de los náufragos fueron rescatados por las ama, mujeres buceadoras que pescan perlas a grandes profundidades. Entre los rescatados se encontraba Rodrigo de Vivero, que da la casualidad, era sobrino del virrey de la Nueva España (a.k.a. todavía-no-México). La mayoría de la tripulación eran filipinos y españoles, pero también se encontraban mestizos nacidos en Nueva España.  Sin embargo, en vez de apresurarse a regresar, De Vivero decidió quedarse a explorar la mística tierra nipona y, con su condición de aristócrata, concretó lo que podría considerarse el primer encuentro de Japón con habitantes de América. Aquella comitiva de náufragos tuvo la oportunidad de encontrarse con el mismísimo Ieyasu Tokugawa, y el buen Rodrigo De Vivero tuvo la genial idea de documentar todo con lujo de detalle en cartas que le enviaría a su querido tío, el virrey Luis de Velasco y Castilla. Estos documentos han sido recopilados en muchos libros, varios de los cuales puedes encontrar en línea como material de consulta gratuita. Adicionalmente, para conocer esta apasionante historia, puedes leer el libro El sello de la libélula, de la escritora mexicana Kyra Galván, una gran novela que narra esta aventura con su respectiva dosis de romance y suspenso.

Pero volviendo a lo que nos trajo a este artículo, resulta que De Vivero llegó a Acapulco en un barco japonés, y, después de dar todos los pormenores del viaje al virrey, éste pagó al gobierno de Tokugawa una gran fortuna en oro, comida, especies, y un reloj, que sería el primer reloj que habían visto los japoneses.

Yo creo que ese encuentro fortuito fue el cimiento, o la primer piedra, en la construcción de lo que serían las relaciones diplomáticas entre México y Japón. Firmado en 1888, este Tratado de Amistad ponía a Japón y México como iguales, con interés en migración, importación y exportación, así como importantes intercambios culturales.

A principios del siglo XX, este intercambio se hizo más tangible. Muchos japoneses llegaron a tierras mexicanas por esos años, estableciéndose principalmente en Chiapas; es por ello que podemos encontrar apellidos como Nishizawa, Fujimori, Kumamoto, o Toyoda, en gente nacida en México, como descendientes de aquella inmigración masiva. Y además de dejarnos sus genes, hay algo que se ha vuelto muy característico de México…y que se lo debemos a un japonés.

Las jacarandas.

Tatsugoro Matsumoto era jardinero botánico, y, después de trabajar un par de años en Perú, llegó a México con el comienzo de siglo. En la década de los 30, el presidente Pascual Ortiz Rubio le solicitó a Japón una donación de árboles de cerezo para adornar las avenidas principales de la capital. Pero los pobres arbolitos no pegaron. El gobierno japonés pidió la asistencia del señor Matsumoto, que ya tenía décadas viviendo en nuestro país, para que hiciera un nuevo intento pero esta vez con un árbol más apto a nuestras condiciones climáticas, las bellas jaracandas. Y bueno, puede que nuestra ciudad no se pinte de rosa en primavera, ¿pero no les encanta el color morado de las calles?

Les dejo aquí un interesantísimo artículo con la obra de Tatsugoro Matsumoto en México.

Pero bueno, como todos los amigos, México y Japón no se han llevado bien siempre. De hecho, antes de aquel naufragio, el gobernante anterior a Tokugawa, Hideyoshi Toyotomi, detuvo la cristianización llevada a cabo por misioneros franciscanos, y a los que se negaron, los ejecutó en Nagasaki.

En la época moderna tenemos un capítulo más oscuro: la Segunda Guerra Mundial, más exactamente, en el momento en que México le declaró la guerra a los países del Eje a consecuencia del hundimiento de uno de sus barcos, por parte de un submarino alemán. Como sabemos, Japón era parte del Eje, y tuvieron una encarnizada batalla en islas filipinas, donde el Escuadrón 201 se enfrentó a los temibles aviones caza kamikaze.

A Jiro no le gusta esto

Pero, una vez superado el trago amargo, Japón tuvo el interés de volver a ser amigo de todos. ¿Y cómo lo hizo, se lo han preguntado? Es decir, Alemania e Italia también eran países enemigos, y si bien, quedamos en buenos términos con ellos, como que no se les tiene el mismo cariño que a Japón, ¿me explico?

Bueno, esta empatía y carisma se la debemos a lo que nos hace lectores de este sitio: ser friki.

A finales de la década de los 40, Japón produjo muchas historietas que ya tenían más forma de manga. La cercanía con Estados Unidos después del final de la guerra, facilitó que se distribuyera el material gráfico a varios países, teniendo especial empatía en México. De aquel intercambio cultural tenemos muchas obras de Tezuka, y una fascinación por todo lo japonés que perdura hasta nuestros días.

Este año se cumplen 130 desde que se firmó, oficialmente, la amistad entre nuestros dos países, por lo que encontrarás muchas celebraciones alusivas, como este evento que se llevará a cabo el próximo domingo. También lugares como la Asociación México-Japonesa, la Fundación México-Japón, y el Liceo Mexicano-japonés, son herencias que nos ha dejado más de un siglo de amistad. No te pierdas nuestras noticias para que estés enterado de los eventos que conmemoran esta celebración.


Imágenes:

Cien vistas del Monte Fuji recuperado de Wikipedia

El sello de la libélula (2018)

Jacarandas en la CDMX recuperado de la página Ciudad Viva

Se levanta el viento (2013) Dir. Hayao Miyazaki

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