Reseña: Ana y Bruno

Reseña: Ana y Bruno

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Debo confesar, pegarme en el pecho, y expresarles con total honestidad, que no tenía expectativas exageradas para esta película. Es decir, fui una de las miles de seguidoras de Locoloco Films que se mantuvo al pendiente por todos estos años para ver Ana y Bruno, pero sentía que ya había visto la mayor parte de la trama en los previews. A pesar de que conozco el cine del director Carlos Carrera, no esperaba que tuviera chance de hacer algo “muy-de-él” para esta película. Llena de prejuicios, pero con todo el espíritu para apoyar, asistí a ver esta peli en el Cinépolis de Fórum Buenavista (recuerda este dato, es importante).

Había leído varias reseñas que comentan que es triste ver la sala vacía en una película que tiene pocos días de haberse estrenado. En mi caso, entré a la función de las 18:20, en martes, y como vi el cine algo vacío en pre-compra, me arriesgué a comprar mi boleto directo en taquilla. La sala no estaba tan vacía; parecía, digamos, como los últimos días de una película taquillera que lleva mucho tiempo en cartelera. Había adultos solos, y niños de varias edades con adultos. Me quedé pensando qué hace falta para que más gente se acerque a ver esta película, y creo que ayuda mucho que no haya gran oferta de cine animado en cartelera por estas fechas. Está Teen Titans GO!, pero ya tiene un par de semanas de haberse estrenado, así que podríamos decir que Ana y Bruno encabeza la oferta de animación esta semana.

¿De qué trata?

Si te hago un resumen de la historia, sería no hacerle justicia, y si le quiero hacer justicia, me arriesgaría a hacer un spoiler. Pero bueno, sólo diré que la trama gira en torno a Ana, una niña que se queda con su mamá en una casona llena de huéspedes a la orilla del mar; sin embargo, por la noche, Ana conoce a un montón de criaturas fantásticas (¿qué son?), que la ayudarán a encontrar a su papá, y que a su vez él rescate a la mamá de Ana, quien está atrapada por un monstruo que la persigue, y un grupo de humanos que no le creen…

Me aterró hermosamente en un inicio, los personajes principales son bonitos, tienen personalidad, pero alrededor no ves personajes genéricos, sino cada uno de ellos creado con gran cuidado y detalle, lo cual también tiene relevancia dentro de la historia. La trama, así como la narré, es fácil de seguir, comprensible, con personajes concretos y…

¡PAF! Un giro de tuerca. La historia se siente fresca de nuevo, tu mente comienza a hacer conjeturas, asimilas lo que va a pasar… ¡Y otro giro en la trama! Cosas realmente inesperadas, pero a la vez lógicas y para nada sacadas de la manga. Estamos ante un argumento sólido, bien construido y congruente. Pero, sobre todo, divertido.

¿Por qué verla?

Creo que el punto más importante a resaltar de Ana y Bruno es su intención de ser una película oscura y de terror infantil, sin ser pretenciosa. Al inicio sale un anciano con un payaso muy creepy, pero en la medida justa para que no hubiera niños muy asustados. Me atrevo a decir que esta atmósfera es similar a lo que Tim Burton quisiera crear; de verdad hay partes que causan algo distinto al miedo, pero que es el sentimiento con el que más se le puede asociar. Una magnífica ambientación oscura y lúgubre con el tono exacto para mantenerla infantil. Además, me encanta que hay momentos en que la línea de la realidad no distingue de la fantasía, una sensación muy similar a lo que me provocó El laberinto del Fauno en su momento.

Algo que temía, era que estuviera llena de chistes fáciles, hecho muy común en el cine animado mexicano; la sorpresa es que, a pesar de que tiene ciertos toques humorísticos que funcionan para la audiencia de todas las edades, los chistes son adecuados al personaje que los hace, es un humor inteligente y congruente que no cansa ni da pena ajena. También tiene buenos chistes para adultos bien disfrazados.

Ana y Bruno es un excelente ejemplo de cómo ambientar una película en México, sin necesidad de hacer un énfasis nacionalista o estereotipos. La historia se desarrolla tal vez en la década de los 30 o 40 (perdón, no soy lo bastante conocedora para afirmar la década en que fue ambientada), con un gran conocimiento de los desarrolladores acerca de la moda de la época, los vehículos, la gente. Hay una parte en que los personajes mencionan que ‘van hacia la capital’. Y el punto de llegada de nuestros héroes, es la estación de trenes más importante de aquellos años: Buenavista. Lo mejor de esto, es que nunca lo mencionan, es un detalle que no es relevante para la trama, y, sin embargo, si eres chilango, y además, lo estás viendo en el cine que está sobre lo que alguna vez fue esa estación, es un easter egg de muy buen gusto.

Esta es la vieja estación que sale en la peli
Por esto te dije que recordaras dónde fui a verla

Me tocó sentarme junto a un hombre que iba con sus dos hijos, una niña como de 4 y un niño como de 7. Toda la película, el niño preguntaba a su padre cosas que no entendía, señal de que le interesaba comprender la trama.  He leído un par de reseñas que mencionan que esta película no es para niños, debido a su atmósfera oscura y problemas muy densos y complejos para sus infantiles mentes. Pero creo que estamos acostumbrados a subestimar el subconsciente infantil. Pienso que Ana y Bruno sí es para niños. No tuve problema con los infantes que se encontraban en la sala, reían en momentos adecuados, hacían preguntas, observaban; es una película que los hace interactuar con el adulto a su lado. Y ni qué decir de los adultos, a quienes también pude ver complacidos con la película. Tenía ganas de preguntarles a la salida qué les había parecido, pero mi costumbre de quedarme a leer todos los créditos me hizo perderme de preguntar a las familias su opinión.

Hay un momento clímax en la película, creo que es el punto más importante para la trama, donde una exclamación generalizada sonó en la audiencia. Ahí estaban, niños y adultos, asombrándose por lo mismo, en el mismo momento. No recuerdo otra película de animación que haya logrado eso.

El apartado técnico

La música es muy buena también, me recuerda a algo inspirado por Danny Elfman, resultando en el complemento perfecto para esta atmósfera creepy. La actuación de las voces también es decente, es fácil reconocer a actores que ya tienen tablas en el doblaje como Damián Alcázar, Héctor Bonilla o Regina Orozco; por otra parte, la mayor parte de la película escucharemos voces nuevas, como Galia Mayer en el papel de Ana, o Silverio Palacios, que aunque es una cara muy conocida del cine mexicano, no había tenido experiencia en el doblaje. A veces es difícil entender lo que dicen algunos personajes, pero no veo errores de sincronización o entonación.

Silverio Palacios

En cuanto a la producción general de la obra, es buena, pero percibo un cambio en algunas texturas e iluminación con respecto a teasers anteriores; la animación es fluida pero hay algo que no se siente del todo bien. Sin embargo, para nada está mal hecho, son detalles mínimos a los que puse más atención de la necesaria. Vuelvo a hacer mención del trabajo de diseño de personajes, que a leguas se ven salidos de la mano del maestro Carrera.

¿La recomiendo?

Comparo la experiencia de haber visto esta película con aquel épico momento en que Anton Ego prueba el ratatouille de Remi: un viaje, una sensación maravillosa que llena el pecho de emociones; y ahora, me siento frente a mi computadora a escribir una reseña y pensar qué más le voy a decir a la gente que me lee, para que decidan ir a ver esta maravillosa película. Pienso que la manera en que la están promocionando algunos medios no es la adecuada: ‘Vayan porque es la película animada más cara en la historia del cine mexicano’. No, no vayan por eso. Véanla porque es buena, está hecha con amor, van a encontrar cosas increíbles que difícilmente se ven en el cine de animación hoy en día; es conmovedora, reflexiva y graciosa. Ya lo dijo Guillermo del Toro, “esta película es oro molido”. Nunca he estado más de acuerdo con él.

No le den la oportunidad a Ana y Bruno. Dense, ustedes, la oportunidad de conocer algo bello y distinto en Ana y Bruno.

Hablando completamente a título personal, Ana y Bruno me gustó más que Coco. Y eso que, en su momento, amé Coco.

Hasta aquí mi reporte, Frik-in.


Imágenes:

Ana y Bruno (2018) Dir. Carlos Carrera

Estación Buenavista de principios del siglo XX, tomada de Cuartoscuro 

Estación Buenavista actual, tomada de Impacto.mx

Foto de Silverio Palacios, tomada de su Twitter

 

Debo confesar, pegarme en el pecho, y expresarles con total honestidad, que no tenía expectativas exageradas para esta película. Es decir, fui una de las miles de seguidoras de Locoloco Films que se mantuvo al pendiente por todos estos años para ver Ana y Bruno, pero sentía que ya había visto la mayor parte de la trama en los previews. A pesar de que conozco el cine del director Carlos Carrera, no esperaba que tuviera chance de hacer algo “muy-de-él” para esta película. Llena de prejuicios, pero con todo el espíritu para apoyar, asistí a ver esta peli en el Cinépolis de Fórum Buenavista (recuerda este dato, es importante).

Había leído varias reseñas que comentan que es triste ver la sala vacía en una película que tiene pocos días de haberse estrenado. En mi caso, entré a la función de las 18:20, en martes, y como vi el cine algo vacío en pre-compra, me arriesgué a comprar mi boleto directo en taquilla. La sala no estaba tan vacía; parecía, digamos, como los últimos días de una película taquillera que lleva mucho tiempo en cartelera. Había adultos solos, y niños de varias edades con adultos. Me quedé pensando qué hace falta para que más gente se acerque a ver esta película, y creo que ayuda mucho que no haya gran oferta de cine animado en cartelera por estas fechas. Está Teen Titans GO!, pero ya tiene un par de semanas de haberse estrenado, así que podríamos decir que Ana y Bruno encabeza la oferta de animación esta semana.

¿De qué trata?

Si te hago un resumen de la historia, sería no hacerle justicia, y si le quiero hacer justicia, me arriesgaría a hacer un spoiler. Pero bueno, sólo diré que la trama gira en torno a Ana, una niña que se queda con su mamá en una casona llena de huéspedes a la orilla del mar; sin embargo, por la noche, Ana conoce a un montón de criaturas fantásticas (¿qué son?), que la ayudarán a encontrar a su papá, y que a su vez él rescate a la mamá de Ana, quien está atrapada por un monstruo que la persigue, y un grupo de humanos que no le creen…

Me aterró hermosamente en un inicio, los personajes principales son bonitos, tienen personalidad, pero alrededor no ves personajes genéricos, sino cada uno de ellos creado con gran cuidado y detalle, lo cual también tiene relevancia dentro de la historia. La trama, así como la narré, es fácil de seguir, comprensible, con personajes concretos y…

¡PAF! Un giro de tuerca. La historia se siente fresca de nuevo, tu mente comienza a hacer conjeturas, asimilas lo que va a pasar… ¡Y otro giro en la trama! Cosas realmente inesperadas, pero a la vez lógicas y para nada sacadas de la manga. Estamos ante un argumento sólido, bien construido y congruente. Pero, sobre todo, divertido.

¿Por qué verla?

Creo que el punto más importante a resaltar de Ana y Bruno es su intención de ser una película oscura y de terror infantil, sin ser pretenciosa. Al inicio sale un anciano con un payaso muy creepy, pero en la medida justa para que no hubiera niños muy asustados. Me atrevo a decir que esta atmósfera es similar a lo que Tim Burton quisiera crear; de verdad hay partes que causan algo distinto al miedo, pero que es el sentimiento con el que más se le puede asociar. Una magnífica ambientación oscura y lúgubre con el tono exacto para mantenerla infantil. Además, me encanta que hay momentos en que la línea de la realidad no distingue de la fantasía, una sensación muy similar a lo que me provocó El laberinto del Fauno en su momento.

Algo que temía, era que estuviera llena de chistes fáciles, hecho muy común en el cine animado mexicano; la sorpresa es que, a pesar de que tiene ciertos toques humorísticos que funcionan para la audiencia de todas las edades, los chistes son adecuados al personaje que los hace, es un humor inteligente y congruente que no cansa ni da pena ajena. También tiene buenos chistes para adultos bien disfrazados.

Ana y Bruno es un excelente ejemplo de cómo ambientar una película en México, sin necesidad de hacer un énfasis nacionalista o estereotipos. La historia se desarrolla tal vez en la década de los 30 o 40 (perdón, no soy lo bastante conocedora para afirmar la década en que fue ambientada), con un gran conocimiento de los desarrolladores acerca de la moda de la época, los vehículos, la gente. Hay una parte en que los personajes mencionan que ‘van hacia la capital’. Y el punto de llegada de nuestros héroes, es la estación de trenes más importante de aquellos años: Buenavista. Lo mejor de esto, es que nunca lo mencionan, es un detalle que no es relevante para la trama, y, sin embargo, si eres chilango, y además, lo estás viendo en el cine que está sobre lo que alguna vez fue esa estación, es un easter egg de muy buen gusto.

Esta es la vieja estación que sale en la peli
Por esto te dije que recordaras dónde fui a verla

Me tocó sentarme junto a un hombre que iba con sus dos hijos, una niña como de 4 y un niño como de 7. Toda la película, el niño preguntaba a su padre cosas que no entendía, señal de que le interesaba comprender la trama.  He leído un par de reseñas que mencionan que esta película no es para niños, debido a su atmósfera oscura y problemas muy densos y complejos para sus infantiles mentes. Pero creo que estamos acostumbrados a subestimar el subconsciente infantil. Pienso que Ana y Bruno sí es para niños. No tuve problema con los infantes que se encontraban en la sala, reían en momentos adecuados, hacían preguntas, observaban; es una película que los hace interactuar con el adulto a su lado. Y ni qué decir de los adultos, a quienes también pude ver complacidos con la película. Tenía ganas de preguntarles a la salida qué les había parecido, pero mi costumbre de quedarme a leer todos los créditos me hizo perderme de preguntar a las familias su opinión.

Hay un momento clímax en la película, creo que es el punto más importante para la trama, donde una exclamación generalizada sonó en la audiencia. Ahí estaban, niños y adultos, asombrándose por lo mismo, en el mismo momento. No recuerdo otra película de animación que haya logrado eso.

El apartado técnico

La música es muy buena también, me recuerda a algo inspirado por Danny Elfman, resultando en el complemento perfecto para esta atmósfera creepy. La actuación de las voces también es decente, es fácil reconocer a actores que ya tienen tablas en el doblaje como Damián Alcázar, Héctor Bonilla o Regina Orozco; por otra parte, la mayor parte de la película escucharemos voces nuevas, como Galia Mayer en el papel de Ana, o Silverio Palacios, que aunque es una cara muy conocida del cine mexicano, no había tenido experiencia en el doblaje. A veces es difícil entender lo que dicen algunos personajes, pero no veo errores de sincronización o entonación.

Silverio Palacios

En cuanto a la producción general de la obra, es buena, pero percibo un cambio en algunas texturas e iluminación con respecto a teasers anteriores; la animación es fluida pero hay algo que no se siente del todo bien. Sin embargo, para nada está mal hecho, son detalles mínimos a los que puse más atención de la necesaria. Vuelvo a hacer mención del trabajo de diseño de personajes, que a leguas se ven salidos de la mano del maestro Carrera.

¿La recomiendo?

Comparo la experiencia de haber visto esta película con aquel épico momento en que Anton Ego prueba el ratatouille de Remi: un viaje, una sensación maravillosa que llena el pecho de emociones; y ahora, me siento frente a mi computadora a escribir una reseña y pensar qué más le voy a decir a la gente que me lee, para que decidan ir a ver esta maravillosa película. Pienso que la manera en que la están promocionando algunos medios no es la adecuada: ‘Vayan porque es la película animada más cara en la historia del cine mexicano’. No, no vayan por eso. Véanla porque es buena, está hecha con amor, van a encontrar cosas increíbles que difícilmente se ven en el cine de animación hoy en día; es conmovedora, reflexiva y graciosa. Ya lo dijo Guillermo del Toro, “esta película es oro molido”. Nunca he estado más de acuerdo con él.

No le den la oportunidad a Ana y Bruno. Dense, ustedes, la oportunidad de conocer algo bello y distinto en Ana y Bruno.

Hablando completamente a título personal, Ana y Bruno me gustó más que Coco. Y eso que, en su momento, amé Coco.

Hasta aquí mi reporte, Frik-in.


Imágenes:

Ana y Bruno (2018) Dir. Carlos Carrera

Estación Buenavista de principios del siglo XX, tomada de Cuartoscuro 

Estación Buenavista actual, tomada de Impacto.mx

Foto de Silverio Palacios, tomada de su Twitter

 

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