El furor detrás de los asesinos seriales

El furor detrás de los asesinos seriales

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Considerar la existencia de asesinos seriales en el terreno de lo real es terrible; sin embargo, la imagen que se ha generado de ellos en la cultura popular responde a un perfil estrechamente relacionado con características deseables y atrayentes, incluso en su contexto rebosante de violencia.

En esta primera entrega de “El furor detrás de…” hablaré un poco acerca de los elementos que han contribuido a despertar fascinación sobre un tema tan torcido como éste.

Tomando como pretexto el próximo lanzamiento del manga Monster de Editorial Panini, me centraré específicamente en un tipo de historia recurrente que involucra un perfil muy particular del asesino, su relación con aquel que lo persigue y todo lo que estas narraciones pueden despertar en el espectador.

Unos cuantos ejemplos se pueden encontrar en las siguientes producciones: el mismo Monster, Death Note, Psycho Pass, Hannibal, la serie británica The Fall, B the Beginning, Jojo’s Bizarre Adventure: Diamond is Unbreakable o Ajin.

ELLOS

Muchas historias comparten en mayor o menor medida algunos elementos cuando construyen a sus asesinos en serie; por lo general se trata de individuos que poseen un tremendo control de las situaciones.

Inteligentes, seductores y con gran sensibilidad artística; muestran un notable autodominio, esperando el momento preciso para liberar a la bestia dentro de sí, y así consumir la vida de los otros.

Como si se tratara de una partida de ajedrez, éstos calculan sus movimientos cuidadosamente. La atención que prestan a los detalles les permite anticipar los movimientos de otros, ocultar su rastro, y haciendo gala de un magnífico carisma, son capaces de mezclarse perfectamente entre la sociedad.

Disfrutan del poder que les produce acechar a su presa; sin embargo, éste no es el único juego que los complace. Es natural observar en esta clase de historias el desarrollo de una intensa dinámica entre el asesino y su persecutor; situación que permite explorar incontables matices dentro de la escala moral de los seres humanos.

DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA

Quien con monstruos lucha, cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti. -Nietzsche-

El sujeto que persigue al asesino se encuentra en una situación particularmente incómoda y riesgosa; no sólo por enfrentarse a un criminal, sino por ser confrontado constantemente con su propia oscuridad.

Para poder anticipar los movimientos del homicida, el persecutor debe pensar y sentir como éste; dando lugar a una cacería en donde el rol del cazador y el de la presa se invierten constantemente.

Para el asesino, la inteligencia y tenacidad de su contraparte resulta estimulante; y en su afán de encontrar un “compañero de juego”, trata a toda costa de convencer a su inquisidor de que en el fondo, ambos son iguales, colocando a éste en un laberinto mental muy intrincado que supone una dura prueba a su inclinación hacia el bien y la justicia.

EL ESPECTADOR ¿VÍCTIMA O VICTIMARIO?

La cacería por sí misma es suficiente para tenernos al borde de nuestro asiento. Sin embargo, inevitablemente surge una serie de identificaciones con los personajes y no siempre es con quien está del lado de la justicia.

El escritor Thomas de Quincey sugiere en su libro “El asesinato como una de las bellas artes” que esta clase de historias permiten al público reafirmar su propia moralidad reprobando la violencia que ocurre ante ellos.

Pero, el carisma perfectamente integrado al perfil del asesino es capaz de persuadir a la audiencia de tal manera que, en cierto punto, ésta pueda llegar a simpatizar con él. Al dejarse llevar por su personalidad o por las “causas” detrás de los actos homicidas, el espectador se convierte también en una víctima de éste.

Sin embargo, los dilemas morales planteados abren una puerta que dirige inevitablemente hacia el propio lado oscuro del público, ya que la dualidad entre el bien y el mal habita dentro de todos nosotros. Esta posición se parece mucho más a la del persecutor, quien, inmerso en la desesperación llega a dudar seriamente de sí mismo observando atormentado su propia tendencia al mal, sintiendo, aunque sea por un momento, que en el fondo él también es o puede llegar a ser victimario.

Esta prueba planteada tanto al “héroe” como al espectador, es necesaria. Tal como dice Carl Gustav Jung: “El conocimiento de tu propia oscuridad es el mejor método para hacer frente a las tinieblas de otras personas”.

PARA CONCLUIR

Colocarnos frente a la imagen del asesino serial, de aquel que no muestra el más mínimo remordimiento al arrebatar una vida con sus propias manos, supone enfrentarnos ante la sensación de estar observando una fuerza misteriosa de la naturaleza.

Aún hoy existe una gran incógnita con respecto a la mente de estos individuos. Las historias centradas en representarlos nos muestran no sólo personajes inspirados en seres humanos reales; sino que también construyen a través de ellos un símbolo de la oscuridad presente en la sociedad, y en muchos de estos relatos, eso es justo lo que da vida a seres tan despiadados.

A través de la bella e idealizada figura que ofrece la cultura popular, podemos asomarnos en este profundo abismo. Dichas narraciones nos dan la posibilidad de explorar todos los matices intermedios que se encuentran entre el bien y el mal, y cómo en cierto momento un extremo toca al otro. Exhiben asuntos relacionados con la naturaleza humana, la filosofía que cada quien posee y las acciones (muchas veces extremas) que se llevan a cabo basados en esta visión del mundo. Dejan en evidencia que el mal no sólo está presente en el asesino sino que se encuentra latente en cada uno de nosotros.


Imágenes:

Hannibal (Serie de televisión, 2013) – Director: Bryan Fuller.

JoJo’s Bizarre Adventure: Diamond is Unbreakable (Anime, 2016) – David Production.

Ajin (Anime, 2016) – Polygon Pictures.

Death Note (Manga, 2003) – Tsugumi Ohba y Takeshi Obata.

Monster (Anime, 2004) – Madhouse.

Psycho Pass (Anime, 2012) – Production IG.

B the Beginning (Anime, 2018) – Production IG.

 

Considerar la existencia de asesinos seriales en el terreno de lo real es terrible; sin embargo, la imagen que se ha generado de ellos en la cultura popular responde a un perfil estrechamente relacionado con características deseables y atrayentes, incluso en su contexto rebosante de violencia.

En esta primera entrega de “El furor detrás de…” hablaré un poco acerca de los elementos que han contribuido a despertar fascinación sobre un tema tan torcido como éste.

Tomando como pretexto el próximo lanzamiento del manga Monster de Editorial Panini, me centraré específicamente en un tipo de historia recurrente que involucra un perfil muy particular del asesino, su relación con aquel que lo persigue y todo lo que estas narraciones pueden despertar en el espectador.

Unos cuantos ejemplos se pueden encontrar en las siguientes producciones: el mismo Monster, Death Note, Psycho Pass, Hannibal, la serie británica The Fall, B the Beginning, Jojo’s Bizarre Adventure: Diamond is Unbreakable o Ajin.

ELLOS

Muchas historias comparten en mayor o menor medida algunos elementos cuando construyen a sus asesinos en serie; por lo general se trata de individuos que poseen un tremendo control de las situaciones.

Inteligentes, seductores y con gran sensibilidad artística; muestran un notable autodominio, esperando el momento preciso para liberar a la bestia dentro de sí, y así consumir la vida de los otros.

Como si se tratara de una partida de ajedrez, éstos calculan sus movimientos cuidadosamente. La atención que prestan a los detalles les permite anticipar los movimientos de otros, ocultar su rastro, y haciendo gala de un magnífico carisma, son capaces de mezclarse perfectamente entre la sociedad.

Disfrutan del poder que les produce acechar a su presa; sin embargo, éste no es el único juego que los complace. Es natural observar en esta clase de historias el desarrollo de una intensa dinámica entre el asesino y su persecutor; situación que permite explorar incontables matices dentro de la escala moral de los seres humanos.

DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA

Quien con monstruos lucha, cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti. -Nietzsche-

El sujeto que persigue al asesino se encuentra en una situación particularmente incómoda y riesgosa; no sólo por enfrentarse a un criminal, sino por ser confrontado constantemente con su propia oscuridad.

Para poder anticipar los movimientos del homicida, el persecutor debe pensar y sentir como éste; dando lugar a una cacería en donde el rol del cazador y el de la presa se invierten constantemente.

Para el asesino, la inteligencia y tenacidad de su contraparte resulta estimulante; y en su afán de encontrar un “compañero de juego”, trata a toda costa de convencer a su inquisidor de que en el fondo, ambos son iguales, colocando a éste en un laberinto mental muy intrincado que supone una dura prueba a su inclinación hacia el bien y la justicia.

EL ESPECTADOR ¿VÍCTIMA O VICTIMARIO?

La cacería por sí misma es suficiente para tenernos al borde de nuestro asiento. Sin embargo, inevitablemente surge una serie de identificaciones con los personajes y no siempre es con quien está del lado de la justicia.

El escritor Thomas de Quincey sugiere en su libro “El asesinato como una de las bellas artes” que esta clase de historias permiten al público reafirmar su propia moralidad reprobando la violencia que ocurre ante ellos.

Pero, el carisma perfectamente integrado al perfil del asesino es capaz de persuadir a la audiencia de tal manera que, en cierto punto, ésta pueda llegar a simpatizar con él. Al dejarse llevar por su personalidad o por las “causas” detrás de los actos homicidas, el espectador se convierte también en una víctima de éste.

Sin embargo, los dilemas morales planteados abren una puerta que dirige inevitablemente hacia el propio lado oscuro del público, ya que la dualidad entre el bien y el mal habita dentro de todos nosotros. Esta posición se parece mucho más a la del persecutor, quien, inmerso en la desesperación llega a dudar seriamente de sí mismo observando atormentado su propia tendencia al mal, sintiendo, aunque sea por un momento, que en el fondo él también es o puede llegar a ser victimario.

Esta prueba planteada tanto al “héroe” como al espectador, es necesaria. Tal como dice Carl Gustav Jung: “El conocimiento de tu propia oscuridad es el mejor método para hacer frente a las tinieblas de otras personas”.

PARA CONCLUIR

Colocarnos frente a la imagen del asesino serial, de aquel que no muestra el más mínimo remordimiento al arrebatar una vida con sus propias manos, supone enfrentarnos ante la sensación de estar observando una fuerza misteriosa de la naturaleza.

Aún hoy existe una gran incógnita con respecto a la mente de estos individuos. Las historias centradas en representarlos nos muestran no sólo personajes inspirados en seres humanos reales; sino que también construyen a través de ellos un símbolo de la oscuridad presente en la sociedad, y en muchos de estos relatos, eso es justo lo que da vida a seres tan despiadados.

A través de la bella e idealizada figura que ofrece la cultura popular, podemos asomarnos en este profundo abismo. Dichas narraciones nos dan la posibilidad de explorar todos los matices intermedios que se encuentran entre el bien y el mal, y cómo en cierto momento un extremo toca al otro. Exhiben asuntos relacionados con la naturaleza humana, la filosofía que cada quien posee y las acciones (muchas veces extremas) que se llevan a cabo basados en esta visión del mundo. Dejan en evidencia que el mal no sólo está presente en el asesino sino que se encuentra latente en cada uno de nosotros.


Imágenes:

Hannibal (Serie de televisión, 2013) – Director: Bryan Fuller.

JoJo’s Bizarre Adventure: Diamond is Unbreakable (Anime, 2016) – David Production.

Ajin (Anime, 2016) – Polygon Pictures.

Death Note (Manga, 2003) – Tsugumi Ohba y Takeshi Obata.

Monster (Anime, 2004) – Madhouse.

Psycho Pass (Anime, 2012) – Production IG.

B the Beginning (Anime, 2018) – Production IG.

 

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